Raúl Zibechi
Si durante los primeros años de la década pasada los movimientos antisistémicos ocuparon el centro del escenario político latinoamericano, ese lugar de privilegio le corresponde ahora a los estados, administrados por fuerzas de signo distinto a las que protagonizaron las reformas neoliberales. Por más que los gobiernos que emergieron del formidable ciclo de luchas que deslegitimó el Consenso de Washington sean afines a los movimientos, éstos no pueden delegar sus objetivos emancipatorios en los estados-nación, ...