Ref. :  000040150
Date :  2016-08-17
Language :  Spanish
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UNASUR

Author :  Daniel Kersffeld


Como organización multilateral de nuevo cuño, la Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR) se diferencia de otros bloques existentes en la región, como la Comunidad Andina (CAN) y el Mercado Común del Sur (MERCOSUR), en el sentido de si en estos el énfasis constitutivo estuvo mayormente ubicado en el ámbito comercial, la primera guarda mayores similitudes con la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América-Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBA-TCP) y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC).

Así, la UNASUR posee varias características diferenciadoras respecto de otros bloques regionales, por lo que fue perdiendo protagonismo la agenda económica y comercial a manos del debate político e ideológico; tiene un diseño institucional de carácter intergubernamental antes que supranacional; alberga también una Secretaría General que oficia más bien como coordinadora de la integración, con funciones limitadas; la aplicación de las políticas regionales trata generalmente de realizarse de manera flexible y consensuada y, por último, ha generado en la función de la Presidencia Pro Tempore una dirección rotativa y democrática entre todas las naciones que componen este bloque.

Una amplia mirada en torno a la UNASUR nos permite dar cuenta de lo novedoso y original de este proyecto, ya que prácticamente no reconoce mayores antecedentes en cuanto a una alianza política y económica por parte de los países sudamericanos. Su constitución seguramente se vio enriquecida a partir de dos experiencias previas de fuerte repercusión en la región: el armado de la CAN, en 1969 a partir de la firma del Acuerdo de Cartagena, y el surgimiento del MERCOSUR, en 1991, y que tuvo como base el Tratado de Asunción. Más allá de que la UNASUR suele ser interpretada como un nuevo esquema de alianza, no es posible negar la importancia histórica de aquellas entidades, las que junto con la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI) fundaron las bases de lo que hoy se conoce como “nuevo regionalismo sudamericano”.

Pese a lo novedoso, el primer antecedente concreto de un acuerdo de las características de la UNASUR tuvo lugar hace cerca de dos décadas, cuando en medio del interés estadounidense por implantar el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), en 1993 se puso en marcha desde Brasil la iniciativa para la creación de un Área de Libre Comercio Sudamericana (ALCSA): se trató en suma de un proyecto en el que se intentó obstaculizar la expansión de la política económica norteamericana perfilando al mismo tiempo el surgimiento de una potencia en ascenso y con un área de influencia cada vez más definida. En todo caso, habrá que esperar hasta el año 2000 para que la propuesta de conformación de un bloque regional finalmente se ponga en marcha cuando en noviembre se relanza la Iniciativa de Integración de la Infraestructura Regional de Sudamérica (IIRSA), un vasto plan de infraestructura que debía favorecer la progresiva unificación de los mercados sudamericanos en función de una estrategia exportadora de materias primas, finalmente puesta en marcha dos años más tarde.

De particular importancia resultaría la Tercera Cumbre Sudamericana celebrada en la ciudad de Cuzco en diciembre de 2004 cuando ya de manera directa se comenzó a invocar la creación de una “Comunidad Sudamericana de Naciones”. En dicha cumbre se definieron, además, los mecanismos básicos con los que debía operar la nueva alianza sudamericana a ser constituida en un futuro cercano: así, se estableció que las cumbres presidenciales debían fungir como la instancia institucional dominante; la participación de los presidentes sudamericanos en una presidencia Pro Tempore anual y rotativa; la necesidad de ahondar la concertación en materia de política exterior entre los distintos países de la región; la mayor convergencia económica entre los bloques subregionales CAN y MERCOSUR; y la profundización de la vinculación física sudamericana desde la IIRSA.

Las definiciones consensuadas en la Cumbre Sudamericana de Cuzco sería reforzadas posteriormente cuando en septiembre de 2005, se aprobó una institucionalidad mínima y una agenda prioritaria basada en el diálogo político, la integración física, la defensa del medio ambiente, la integración energética, la creación de mecanismos financieros regionales, el aprovechamiento de las asimetrías regionales, la promoción de la cohesión social y la cooperación en materia de telecomunicaciones. La IV Cumbre de las Américas, que tuvo lugar en noviembre de 2005 en la ciudad de Mar del Plata, evidenció la debilidad estadounidense en su política de imposición del ALCA, proyecto que finalmente sería enterrado ante el repudio y la oposición generados demostrándose, al mismo tiempo, la creciente unidad entre varios de los gobernantes sudamericanos, principalmente, los de Argentina, Brasil y Venezuela, países que se constituirían en los pilares fundamentales de la futura UNASUR.

La Cumbre Sudamericana de Cochabamba, realizada a fines de 2006, no sólo aprobó el documento elaborado por la “Comisión Estratégica de Reflexión”, sino que dio lugar a la formulación de una institucionalidad básica para el afianzamiento del proyecto integracionista. Asimismo, se planteó la necesidad de articular esta renovada alianza política en términos sociales y comunitarios: se propuso así, por primera vez, la importancia de crear un parlamento regional y la discusión en torno al concepto, cada vez con mayor legitimidad, de la “ciudadanía sudamericana”. La cumbre de Cochabamba concluiría con una declaración en la que la agenda social ocupaba por fin un lugar altamente visible a la vez que prioritario.

Pese a que todavía no estaba fundada, la UNASUR estaba ya presente en boca de todos los líderes que en abril de 2007 se dieron cita en la Primera Cumbre Energética convocada en Isla Margarita (Venezuela). De allí surgiría, directamente, uno de las columnas vertebrales del proyecto sudamericano: el Consejo Energético Sudamericano, con la función de vehiculizar el financiamiento de proyectos clave como la creación de la Organización de Países Productores y Exportadores del Gas del Sur, la construcción del Gasoducto del Sur y la ampliación en la producción de biocombustibles. En un sentido similar, también comenzó a analizarse la posibilidad de aumentar la cooperación financiera y económica entre los países del naciente bloque, dando un impulso fundamental a la creación del Banco del Sur. Por último, y por iniciativa del presidente venezolano Hugo Chávez, se bautizó al nuevo espacio como “Unión de Naciones Sudamericanas”, reemplazando así otras fórmulas de tipo federativas y aliancistas.

Sería finalmente en la cumbre presidencial celebrada en Brasilia, en mayo de 2008, cuando los gobernantes de 12 países de la región rubricaron el tratado constitutivo de la UNASUR, la que pasó a estar conformada por los siguientes Estados: Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Guyana, Paraguay, Perú, Suriname, Uruguay y Venezuela. La nueva organización pronto se convirtió en espacio ideal para el trazado de políticas transversales de acuerdo a aquellos lineamientos e intereses compartidos por los distintos países miembros. Así, se crearon un total de 12 consejos que recorren las aristas más importantes de las agendas públicas de Suramérica: defensa; salud; políticas electorales; energía; ciencia, tecnología e innovación; cultura; desarrollo social; economía y finanzas; educación; infraestructura y planeamiento; lucha contra las drogas; seguridad ciudadana y justicia. Mientras tanto, el cargo de Secretario General adquirió un relieve de enorme importancia como máxima instancia coordinadora de las labores de la UNASUR.

Pero más allá de que no fuera originalmente planeado por quienes formularon el esquema de integración sudamericana, en la actualidad la apuesta por la gobernabilidad pasó a ser uno de los elementos de importancia en la vida de la UNASUR al defender de manera irrestricta a todas las democracias y a los gobiernos que han contribuido a darle vida, más aun, teniendo en cuenta que ella no fue en su inicio constituida como una entidad multilateral dedicada a la solución de controversias sino más bien como una organización encargada de auscultar, recomendar y coordinar distintos medios y formas de integración regional.

Lo cierto es que en sus poco más de siete años de vida, la UNASUR se ha convertido en un actor de fundamental importancia a la hora de garantizar la continuidad democrática en un país amenazado por la desestabilización así como también para asegurar la paz y la resolución de conflictos mediante la creación de foros e instancias de diálogo y cooperación: su historia, y la de su principal instancia de resolución de conflictos, las cumbres presidenciales, se hallan vinculados a los problemas nacionales e internacionales que surcaron la vida de la región en los últimos años.


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