Ref. :  000003935
Date :  2002-10-01
Language :  Spanish
Home Page / The whole website
fr / es / de / po / en

Para terminar con « antiglobalización »

Antiglobalización


Hay categorías que matan, o, en su defecto, que imposibilitan todo debate, que suscitan la confusión en los discursos más claros y que hacen retroceder al movimiento de las ideas en lugar de favorizarlo. El término 'antiglobalización', que se ha hecho de un lugar de privilegio en el espacio político-mediático en los últimos cinco años, es una de esas categorías engañosas, nocivas, e incluso : mortiferas.

De Seattle a Florencia, pasando por Davos y Puerto Alegre, Quebec y Génova, esta categoría pretende dar razón de las posturas, teorías y manifestaciones mas diversas, opuestas y problemáticas. Habiéndose escapado de la caja de Pandora de los diseñadores de concepto a la moda, la categoría « antiglobalización » paraliza posiciones que no lo estaban necesariamente. Ella provoca un disenso a priori allí donde un poco de atención hubiera más bien discernido un debate contradictorio, la deliberación, la constitución de una relación de poder, en fin, la política. Ella ignora la complejidad de las cuestiones que están en juego y el rechazo, por parte de numerosos actores que se interesan en ella, de verla reducida a la nada. Allí donde un juicio extra-moral se revelaría infinitamente valioso, ella se presta a los discursos de moda como el pobre motor de una pobre moral que se burla del saber y prefiere el dividir.

Esta categoría es engañosa, en todos sus aspectos, pues hace de ' la globalización ' algo que se supondría bien conocido y de la cual no habría que dudar, y de su supuesta aversión algo que sería homogéneo, claro y distinto. Pues bien, no sólo 'la globalización' es un concepto de los más discutibles, si no que los manifestantes, a los cuales se les reúne bajo la etiqueta genérica de 'antiglobalización', tienen generalmente temas de denuncia más precisos, y raras son las veces en que se pronuncian contra ella sin matices. Sus luchas tienen así por objetivo los movimientos globales o regionales que buscan la privatización de los sectores públicos, el desmantelamiento del 'acervo social', la liberalización, la apertura de mercados, 'el ajuste estructural', la especulación monetaria y bursátil, la amenaza al ambiente o la aspiración al imperialismo cultural… pero, cada vez menos: 'la globalización' en singular, de la cual se percibe que no es ni evidente ni homogénea y que ofrece, por el contrario, figuras contrastadas, las unas rechazadas por la mayoría ('la globalización' económica y financiera), las otras extensamente aprobadas (la globalización de las informaciones, de las solidaridades y de las resistencias). Es así como el Foro mundial social de Puerto Alegre rechaza ser caricaturizado como la plataforma de los 'anti', y se reivindica, no como una forma impuesta por 'la globalización' en curso, sino como un espacio de elaboración de otras formas de globalización, de otras modalidades de informes económicos, culturales, sociales y políticos.

Esta categoría, antiglobalización, es nociva, pues su uso considera improbable y comprometido de antemano el diálogo entre lo que ella identifica como dos opiniones irreconciliables. Como si no hubiera mas que dos opiniones… De cierto modo, ella formula a la vez las preguntas y las respuestas: « preguntas » que no lo son y « respuestas » que lo dejaron de ser. Ella ve y escucha lo que le conviene en las manifestaciones de la calle, en las 'contra-cumbres', en las ciudades sitiadas de los jerarcas del G8, de la Unión europea o del ALCA. En esencia : ve y escucha los problemas de seguridad, las medidas policiales, las discusiones balísticas… pero a ella no le interesa el contenido, aún menos el indispensable trabajo crítico sobre los proyectos polémicos, conducidos a la larga con perseverancia por los actores más diversos y los menos « ideólogos ». Y ya ni hablar de su ignorancia sobre la búsqueda de puentes de comunicación, sobre la evolución en las posturas o dogmas de unos y otros, en fin, sobre la voluntad ampliamente compartida de avanzar en un enfoque concreto de lo que es realmente problemático, de los motivos más que fundados de tal desacuerdo, y de no quedarse allí. No, de todo esto, de estos movimientos frágiles, diminutos o espectaculares, el calificativo de antiglobalización se burla y se desentiende.

En fin, el concepto antiglobalización es mortífero, porque la violencia imaginaria de esta categoría produce efectos de realidad que exceden las perspectivas y los procedimientos normativos de control, como se pudo constatar de manera emblemática en julio 2001 en Génova. Identificado como 'antiglobalización', un jóven manifestante se convierte en enemigo de la sociedad, en delincuente, en terrorista. Se le enviste de una negatividad absoluta (encarna el rechazo del 'mundo libre', del 'progreso', de 'la democracia') a la cual se trata de responder por todos los medios con una severidad implacable. Este joven aparece como la crítica de un orden ciertamente imperfecto pero estable, sólido, eficiente, y al cual los ciudadanos comunes no estarían dispuestos a intercambiar por el salto a lo desconocido que parece proponer. Es a este título que se le combatió de manera marcial, con los métodos de Argentina y Chile de los años 1970, en las calles de Quebec o Génova, o bien en las montañas de Kananaskis. He aquí lo que puede engendrar esta expresión irresponsable, que da un sentido tan 'claro' como peligroso a algo que no lo es.

Por tanto, si es necesario terminar con 'antiglobalización', no es para poner en su lugar otra palabra que haga la conquista de su mercado sobre las mismas bases. Hay, en efecto, mejores cosas que hacer y que implican mas exigencias. Tales exigencias comenzarían por el reconocimiento de que detrás de la idea de 'globalización' hay otra cosa distinta, mas compleja, que el encuentro de cínicos e inocentes de los cualos no recibimos sino crónicas desoladoras. Estas exigencias continuarian con la aceptación de que el profundo conflicto en el corazón de las globalizaciones en curso, además de ser tan normal como deseable, es intrínsecamente multilateral y no sabría como ser reducido a una simple puesta en escena binaria (con la alternancia de papeles de buenos y malos…). Estas exigencias seguirían su camino con la convicción, adquirida por experiencia, de que la privatización del mundo globalizado se refuerza y se perpetúa por la difusión acelerada de ciertas monedas acuñadas y puestas en circulación por los dueños del juego, luego redifundidas por aquellos que aceptan dichas reglas bajo su propia responsabilidad, que en este caso es ilimitada. Monedas que llevan los nombres de 'libre comercio', 'gobernabilidad, 'economía de mercado', 'productividad', 'competitividad', 'liberalización', 'lucha contra la pobreza', 'desarrollo sostenible', 'globalización' y 'antiglobalización', entre otros.

Hoy, no necesitamos de un pseudo concepto como el de « antiglobalización » para imaginar el futuro de un mundo inestable e inquietante - pues esto no puede sino alejarnos de aquello a lo cual debemos acercarnos. Es de verdaderos conceptos como alternativa, código monetario, comunitarismo, cosmopolitanismo, dignidad, dominación, emancipación, fragmentación, intercultural, memoria, migraciones, compartición de conocimientos, regulación, solidaridad y totalitarismo que deberíamos apropiarnos o reapropiarnos para entender el sentido de las globalizaciones en curso.

¿Esto es acaso demasiado pedir a los narradores impacientes de nuevas « fracturas » y a sus ávidos auditores de 'informaciones factuales', a sus lectores hambrientos de « documentos » ? De hecho, querámoslo o no, no podremos prosperar durante mucho tiempo bajo el régimen de una clasificación formal que borra todas las dificultades sin resolver ninguna. Ya es tiempo de renunciar a una categoría que desencanta, daña, y a veces mata. Mas aún, y en respuesta: ya es tiempo extender el uso de herramientas intelectuales difíciles e incómodas, de conceptos que resistan al simplismo en vigor, de cuestionamientos inéditos que no aparecerán excesivos para afferrarse a globalizaciones que nos escapan con tanta constancia como ironía. Si 'la antiglobalización' no existe, la crítica y su trabajo deben existir hoy más que nunca frente a los complejos movimientos del mundo.


Rate this content
 
 
 
Average of 204 ratings 
Rating 2.49 / 4 MoyenMoyenMoyenMoyen