Ref. :  000033775
Date :  2010-09-15
Language :  Spanish
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Eurorregiones (--- y cultura)

Eurorregiones

Author :  Thomas Perrin


Estimuladas por la acción del Consejo de Europa a favor de la cooperación transfronteriza y respaldadas por la financiación de la política regional de la Unión Europea, las autoridades territoriales europeas han desarrollado numerosas redes de proyectos de cooperación con sus homólogos que han dado como resultado la formación de «eurorregiones» en las zonas fronterizas. Mientras que a principios de los años 90 había una treintena de eurorregiones, los censos actuales calculan cerca de un centenar de organizaciones de ese tipo.

Aunque no existe una definición oficial del vocablo «eurorregión» y que hace referencia a diferentes tipos de espacios, de cooperación y reagrupación, esta palabra sirve de apelación genérica, incluso de modelo estándar, para designar los outputs de la cooperación transfronteriza europea. De este modo, las eurorregiones pueden definirse como organizaciones europeas de cooperación más o menos estructuradas, activas en ambos lados de una frontera, entre comunidades que van desde el municipio a la región o sus equivalentes, asociadas para la realización de objetivos y proyectos comunes, en función de intereses compartidos, y en el marco de «territorios en los que se desarrollan proyectos».

Entre las diferentes acciones desarrolladas en el marco de las eurorregiones, la cultura aparece como un área de cooperación recurrente, dando lugar a una forma de acción común que puede caracterizarse desde tres puntos de vista:

A) En términos de tipología, esta acción presenta dimensiones específicas que, lejos de ser exclusivas, pueden combinarse. Estas dimensiones son 3:
I) La dimensión histórico-patrimonial, que reúne ambos lados de la frontera y al mismo tiempo establece diferencias según los conjuntos culturales nacionales.
II) La dimensión de acontecimientos, donde el acontecimiento es un recurso de la “celebración cultural” y del márquetin de los territorios con una connotación a menudo festiva.
III) La dimensión reticular, que hace referencia no solo a la creación de redes de agentes en sentido estricto, sino también al desarrollo de dispositivos transfronterizos de conexión en red de autoridades, operadores y los públicos.

B) A modo de referencia de la acción pública, en el sentido de las normas e imágenes que orientan y definen los criterios, los objetivos y el contenido de la intervención pública, la acción cultural eurorregional se caracteriza por una imposición de la temática identitaria, donde la movilización de la cultura está al servicio de una identidad territorial e institucional emergente, y donde la identidad cultural se apoya especialmente sobre referencias histórico-patrimoniales, pero también sobre la certificación de los sectores artísticos de excelencia, símbolos de dinamismo y creatividad.

C) En términos de modalidades de acción, la dinámica eurorregional introduce la cuestión de la «interterritorialidad» como modalidad de coordinación y de regulación en múltiples niveles, ya se trate de relaciones entre socios de la eurorregión o entre estos y las otras autoridades territoriales que ejercen en el mismo territorio, empezando por la articulación entre la acción eurorregional y la metropolitana. Más allá de esto, la interterritorialidad engloba la inscripción de las eurorregiones en el contexto territorial «global». De hecho, la implicación en una asociación eurorregional representa para las comunidades participantes un medio suplementario para posicionarse en el escenario político europeo e internacional. Las cooperaciones eurorregionales aparecen de este modo como un componente de la acción exterior de estas comunidades o incluso de su «paradiplomacia» en lo que respecta a las autoridades territoriales que disponen y movilizan más competencias en la materia.

Más allá de estas características, la acción cultural eurorregional se incluye también en unas evoluciones más amplias. Los programas plurianuales de cooperación territorial, iniciados por la Comisión europea en los años 90, hoy se consideran dispositivos institucionales. Para la programación 2007-2013, la cooperación se ha convertido en un objetivo de pleno derecho de la política regional y ha visto cómo sus dotaciones han aumentado en consecuencia. Además, las instituciones comunitarias han establecido un estatuto jurídico que permite a los agrupamientos interterritoriales estructurarse en una entidad común y única que estabilice su asociación: la Agrupación europea de cooperación territorial (AECT). El Consejo de Europa está a punto de adoptar un estatuto equivalente: la Agrupación eurorregional de cooperación (AEC).

Paralelamente, el «hecho cultural» y la intervención pública en materia de cultura se inscriben de ahora en adelante en el paradigma normativo de una economía del conocimiento, basada en gran parte en los recursos cognitivos e inmateriales y en la noción de desarrollo sostenible, cuya creatividad es uno de los resortes, si no el motor, y evidenciada en la estrategia conocida como «Agenda de Lisboa/Gotemburgo». En este contexto, la cultura se muestra como un recurso para el desarrollo y el atractivo de los territorios, y como un factor de cohesión social.

Diversas experiencias contemporáneas dan testimonio de estas evoluciones, como la Eurorregión Pirineos Mediterráneo creada en 2004, o la Gran Región que fue «capital europea de la cultura» en 2007:
I) desarrollo y diferenciación, por la cultura, de una etiqueta eurorregional;
II) amplio margen para a las disciplinas emergentes y a las acciones innovadoras o incluso «tecno-creativas»;
III) movilización de acontecimientos al servicio de un desarrollo cultural «sostenible» y duradero;
IV) consideración adicional de las repercusiones económicas de las actividades culturales y de movilización «transversal» de la cultura para el turismo y el márquetin territorial;
V) aparición de las cuestiones de la diversidad cultural y del «convivir».

Desde entonces, la acción cultural llevada a cabo en el marco de las eurorregiones constituye un terreno de observación y de puesta en perspectiva original de los resortes y los retos de la mundialización cultural. De hecho, la dinámica eurorregional destaca a la vez la dimensión identitaria de las políticas culturales territoriales y la cultura como un auténtico reto en las relaciones exteriores y transnacionales. Además, el desarrollo de las eurorregiones muestra, por una parte, el retorno al territorio a pesar del franqueamiento de las fronteras, y por otra parte, la dialéctica entre distinción/diferenciación y disolución/integración (desde el punto de vista identitario, territorial, cultural) característica de los movimientos de mundialización.

Más allá de esto, comprender la acción cultural en el contexto de las eurorregiones aporta una explicación de la dimensión cultural y artística de problemáticas más extensas, en particular la referente a la construcción de una Europa de los territorios y de la cultura, donde las eurorregiones se sitúan en un «hueco» territorial, institucional, geopolítico: entre local y global, entre convergencia y diferenciación, como tantas otras entidades «socio-espaciales» emergentes.


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