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Date :  2007-09-28
Language :  Spanish
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Océano y mundialización

Océano

Author :  Yves Lancelot


El océano es sin ninguna duda el elemento más importante del planeta Tierra. Importante porque cubre el 71% de la superficie del planeta. Importante porque, unido a la atmósfera, es un compuesto esencial del sistema climático que condiciona la vida. Importante también por los recursos que contiene. Importante, de una manera mas indirecta, porque es en las profundidades oceánicas que reside el motor de la dinámica de la corteza terrestre, haciendo de las profundidades marinas la característica principal de nuestro planeta. Importante, finalmente, pues es probablemente el lugar del origen de la vida. Entonces, evidentemente, el Océano es un “socio obligado” de las mundializaciones. Se puede decir casi que “es” el centro del mundo.

Inclusive si la explotación de los recursos necesarios a la supervivencia de las poblaciones que viven en el litoral ha sido ciertamente la primera motivación para interesarse por el mar, la inmensidad del Océano Mundial y su geometría le han dado desde siempre, lo que es cierto hasta hoy en día, un rol esencial en la comunicación y los intercambios entre los hombres sobre la totalidad del planeta. Es inicialmente este rol, primer signo de “la mundialización », que empujó los hombres a lanzarse lejos sobre los mares. Los primeros exploradores, alentados por gobiernos que veían un elemento estratégico de afirmación de su preeminencia militar o comercial, consideraban el mar, espacio totalmente libre, sólo como un medio de acceso a las islas o a las comarcas lejanas y exóticas de las cuales las supuestas riquezas hacían soñar. Habrá que esperar tres siglos después de las primeras expediciones de Cristóbal Colón y el descubrimiento de América, para que se interesen al océano en si-mismo, en tanto que objeto científico. Pero se estaba lejos de presentir la importancia del océano en la dinámica del planeta.

Es recién en los años 1950 que la exploración de las grandes profundidades oceánicas ha sido emprendida de modo sistemático. Y los resultados se han revelado espectaculares, conduciendo en menos de diez años a la elaboración de teorías revolucionarias como la “tectónica de placas”. Desde entonces, el dominio oceánico, considerado durante mucho tiempo sin importancia, inerte, y seguido como el basurero del mundo, se encontró en el primer plano de las preocupaciones mundiales. Se comprendió que su rol es central en el equilibro del dominio externo de la Tierra, nuestro medio de vida.

Es estudiando el Océano que hemos obtenido una visión global de la dinámica de la corteza terrestre, luego del conjunto de las diferentes esferas que componen nuestro planeta. Esos descubrimientos recientes y la evolución de las ideas ha sido de una rapidez asombrosa: todo ha pasado en menos de diez años. Hoy en día el enfoque “sistémico” del estudio de la Tierra ha mostrado que todas las esferas que lo componen, desde el núcleo de la Tierra hasta la atmósfera, están en interacción permanente y que el mundo oceánico, ya sea a nivel de la corteza terrestre o de la masa de agua, está en el corazón del “sistema Tierra”. Situado entre la tierra sólida y el infinito espacio, el océano y la atmósfera son las dos esferas que controlan directamente la dinámica de la biósfera, su evolución, y eventualmente su supervivencia. Además el océano es la reserva de agua del planeta, casi inagotable a nuestra escala. Y, por el momento, pertenece a todo el mundo… “Global” por definición, transgrede todas las fronteras imaginadas por los hombres. Sin embargo esas fronteras, barreras económicas y políticas, contrastan de manera drástica con la aventura universal que ofrece el océano. Es quizás en ese contraste que reside una toma de conciencia de la futileza a largo plazo de muchas de las divisiones artificiales que están condenadas a evolucionar. La evolución natural del medio oceánico no conoce nuestras fronteras o diferencias. Trata a todos de la misma manera, por lo mejor y por lo peor. Sabemos ahora que es del fondo de los océanos que la dinámica de la corteza terrestre oceánica gobierna todos los movimientos superficiales, provocando en las márgenes continentales catástrofes inevitables como los terremotos, los tsunamis y las erupciones volcánicas. Si esas catástrofes ignoran las fronteras, las disparidades económicas engendrando, frente a esos riesgos, desigualdades fundamentales que obligan a tomas de conciencia solidarias universales.

La evolución del clima, regulado por los intercambios entre el océano y la atmósfera, toca de toda evidencia al conjunto del globo. El hecho de que las actividades de algunos de nosotros influencien la evolución climática del resto del mundo es una de las problemáticas principales de “la mundialización”. Aun allí, todas las poblaciones no son afectadas de la misma manera y habrá que crear nuevas solidaridades. El ejemplo del Ártico es espectacular. La desaparición del banco de hielo abrirá nuevas perspectivas económicas a sus ribereños (transporte marítimo, pesca y quizás recursos minerales) mientras que el resto del mundo se vera penalizado por el cambio climático. Desertificación, sequía, migración desde las zonas agrícolas, aumento de ciclones, inundaciones, fuegos de bosques, ascensión del nivel del mar, desaparición de ecosistemas frágiles, constituyen desde ya signos evidentes del calentamiento. Ese cambio puede ser fuente de conflictos sin precedentes por que arrastrará la migración de millones de personas (1). Cambiará las fronteras et obligará aun a forjar nuevas solidaridades, mucho más allá de las fronteras políticas y económicas actuales.

La explotación de los recursos marítimos como el pescado no conoce fronteras. Sin embargo la sobreexplotación de numerosas especias, entre las más rentables económicamente, agranda un desequilibrio mundial que se ha vuelto preocupante. La disminución de provisiones en ciertas regiones corre el riesgo de provocar crisis económicas generalizadas que no podrán ser atajadas más que por decisiones internacionales rigurosas e impopulares, en un mundo donde las poblaciones se desarrollan cada vez sobre el litoral. Ciertos medioambientes, como el Mediterráneo, están ya « estresados » de manera irreversible. Otros recursos oceánicos, como el turismo litoral, son a la vez portadores de reequilibrio económico y de agravamiento de la contaminación de la naturaleza. Nuevamente sobre ese punto, será necesario emprender medidas globales para que la distribución de los recursos sea equilibrada y duradera.

Es esencial que todo lo necesario sea realizado para proteger y gestionar con eficacidad el océano, por naturaleza « mundializado » y « mundializante », aunque más no sea porque es el último espacio de libertad sobre la superficie terrestre, y porque nos da la vida. Ello pasa necesariamente por la invención de nuevas solidaridades. Ellas están en el corazón mismo de las otras mundializaciones que se trata también para nosotros de pensar y de hacer posibles.


Yves lancelot acaba de publicar "la Vida de los océanos desde su nacimiento hasta su desaparición" (Editions Vuibert, Paris, enero 2011).

(1) Lo que se llama las “migraciones ecológicas”.



Traducido por Gladys Olivera Grotti


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